La IA puede crear empleo y destruir carreras: el riesgo que no muestran las cifras

¿La inteligencia artificial está quitando puestos de trabajo o creando otros nuevos? La respuesta, por ahora, es menos sencilla que un titular alarmista o una promesa empresarial: puede hacer ambas cosas a la vez, y no necesariamente para las mismas personas.

Una parte del debate se fija en cuántos empleos aparecen y desaparecen. Pero también importa qué tipo de trabajo se pierde, qué tipo se crea y quién puede acceder a los puestos nuevos. Un empleo temporal en la construcción de un centro de datos, por ejemplo, no sustituye automáticamente a un puesto administrativo ni ofrece la misma trayectoria profesional.

Estar expuesto a la IA no significa quedarse sin trabajo

La Organización Internacional del Trabajo y el instituto polaco NASK estimaron que el 24 % de los empleos del mundo está expuesto a la IA generativa. En los países de renta alta, la proporción sube al 34 %. La exposición, sin embargo, no equivale a un despido: en muchos casos significa que algunas tareas cambiarán o se harán de otra manera.

Las cifras sobre España también requieren contexto. Funcas calcula que la IA podría eliminar entre 1,7 y 2,3 millones de empleos entre 2025 y 2035 en su escenario central, mientras que otros estudios citados estiman la creación de alrededor de 1,61 millones de puestos vinculados a esta tecnología. Al combinar estimaciones con periodos distintos, el resultado orientativo sería una pérdida neta cercana a 400.000 empleos. No es un recuento de despidos confirmados, sino una proyección sujeta a mucha incertidumbre.

De hecho, los datos observados todavía no muestran una destrucción generalizada. Un análisis de Fedea y BBVA Research señala que, desde 2022, el empleo español ha crecido más en algunas ocupaciones expuestas a la IA que en el conjunto del mercado laboral. Sus autores advierten que aún no se puede atribuir ese crecimiento —ni los posibles cambios— a la tecnología.

El peldaño que puede desaparecer

Hay un riesgo menos visible que la cifra total de empleos: que la IA automatice precisamente las tareas sencillas con las que muchas personas empezaban una carrera. Si las empresas dejan de contratar perfiles júnior para hacer análisis básicos, preparar documentos o realizar tareas rutinarias, también podrían reducirse las oportunidades de aprender trabajando y ganar experiencia.

Eso importa porque los puestos de entrada suelen ser el camino hacia empleos más especializados. Si se estrecha ese primer peldaño, las empresas podrían encontrarse más adelante con menos profesionales experimentados de los que necesitan. La productividad puede subir mientras se debilita la formación de la próxima generación.

La transición no afectará a todos por igual

La preocupación tampoco se reparte de forma uniforme. Según una encuesta europea citada por Genbeta, entre quienes ya utilizan IA en su trabajo, el 41 % teme que la tecnología pueda sustituirlos. El temor es mayor entre trabajadores con menos formación y renta, así como entre los jóvenes. Esa inquietud no demuestra que vayan a perder su empleo, pero sí deja claro quiénes sienten que tienen menos margen para adaptarse.

Por eso, decir simplemente que “la IA crea más empleos de los que destruye” no basta. También hay que preguntarse si los nuevos puestos son estables, si están al alcance de quienes pierden los antiguos y si ofrecen una carrera profesional comparable. El balance final dependerá no solo de lo que la tecnología pueda hacer, sino de cómo decidan usarla las empresas y de qué oportunidades de formación existan.

La señal más útil para el trabajador no es un pronóstico aislado, sino observar cómo cambian las tareas de su sector y qué habilidades empiezan a pedir los empleadores. La IA puede transformar un puesto sin eliminarlo; el reto es que esa transformación no cierre la puerta a quienes todavía están intentando entrar.

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