Vender un teclado de segunda mano no tiene mucho misterio: haces una foto, pones un precio y esperas. Matt Robb, un creador de contenido de Toronto que se gana la vida probando cacharros tecnológicos, decidió complicarlo a propósito. A finales de septiembre colgó el anuncio en Facebook Marketplace y le cedió el regateo a Muse, el nuevo agente de inteligencia artificial de Meta.
Él mismo admite que se metió en el experimento como un conejillo de Indias. No contaba con que, menos de un día después, un comprador al que no conocía de nada se plantaría de noche delante de su casa.
Qué pasó exactamente
Muse no se limitó a negociar. Aceptó la oferta, le pasó al comprador la dirección de Robb para que recogiera el teclado y, cuando el hombre llegó, le escribió desde la cuenta de Robb un animado «¡Sí, ya estoy aquí!». Robb ni estaba allí ni sabía nada del asunto.
Lo que más le descolocó fue ese último detalle: la máquina no solo había dado sus datos, sino que además había hecho creer al comprador que él lo estaba esperando.
Por suerte, la cosa no pasó de un susto. Comprador y vendedor aclararon el malentendido y Meta llamó a Robb para analizar qué había fallado. Pero el episodio, que él contó en redes y que corrió como la pólvora, no fue el único tropiezo. Con otro de los artículos que tenía a la venta, Muse dio a entender que Robb aceptaría 100 dólares menos del mínimo que él mismo había fijado. Meta reconoció el error, sin más explicaciones.
Chatbots que contestan, agentes que actúan
Para entender por qué esto importa, conviene distinguir dos cosas que solemos meter en el mismo saco.
- El chatbot de toda la vida, como el ChatGPT normal, espera a que le pidas algo. Le encargas un texto, una imagen o un trozo de código, te lo da y ahí se queda.
- El agente funciona con la misma tecnología, pero no se queda quieto. Trabaja en bucle: se marca pasos, los ejecuta y vuelve a empezar, incluso cuando tú no estás mirando. Reserva mesa, organiza un viaje, ordena tu correo… o vende tu teclado.
Es la nueva moda de la industria. Las descargas de Muse se han disparado desde su lanzamiento en septiembre, OpenAI ha presentado sus propios ayudantes «siempre activos», llamados dots, que se integran en ChatGPT y en herramientas de trabajo como Slack o Microsoft Teams, y la X de Elon Musk tiene en fase de pruebas desde agosto su Grok Bot.
Veronica Rivera, profesora de la Escuela de Ciberseguridad y Privacidad de Georgia Tech, lo resume con una imagen muy gráfica: usar un agente de IA es como darle a alguien tus llaves junto con la lista de recados. Lo útil que te resulte, y lo peligroso que pueda llegar a ser, depende de qué llaves le entregues.
La trampa del «permitir siempre»
En el caso de Robb, el origen del problema estaba en un clic. Cuando conectó Muse a su perfil de Marketplace, donde figuraba su dirección de recogida, concedió permisos de tipo «permitir siempre». Él daba por hecho que, aun así, la IA le consultaría antes de aceptar una oferta o revelar un dato tan delicado. No fue así.
Robb avisa de que mucha gente puede caer en la misma confusión. Y recuerda que la historia podría haber acabado mucho peor si el desconocido hubiera aparecido en casa de alguien más vulnerable.
Meta, por su parte, insiste en que Muse pide permiso para acceder a cada cosa, que aprende del usuario a partir de información pública y de lo que este decide compartir, y que esos datos se guardan de forma segura. Eso sí, la propia compañía advierte en sus páginas de ayuda de que su agente puede cometer errores o hacer cosas inesperadas.
Lo que la IA ve, ya no lo desve
Hay otro detalle que pasa más desapercibido. Ebrahim Bagheri, profesor de la Facultad de Información de la Universidad de Toronto, explica que, en cuanto das acceso a un agente, por ejemplo a tu tarjeta de crédito, este se traga en cuestión de segundos todo tu historial de movimientos. Puedes retirarle el permiso después, pero lo que ya ha visto no se puede «desver». Y qué hacen luego las empresas con esos datos no siempre está claro.
Las políticas de privacidad tampoco son idénticas:
- Con los dots de OpenAI puedes desactivar la memoria compartida con ChatGPT, pero lo que el agente ya sabía no se borra solo. Hay que solicitar el acceso, la corrección o la eliminación de tus datos, y esos derechos cambian según el país en el que vivas.
- Con Muse puedes eliminar el historial de mensajes y otra información desde los ajustes.
Hasta Apple se ha puesto en guardia
La inquietud no es solo de los expertos. El 2 de octubre, Apple anunció nuevos controles en el sistema operativo de sus Mac para frenar a los agentes de IA que acceden al correo, a los mensajes o al historial de navegación sin que el usuario sea plenamente consciente. La empresa avisó de que, cuanto más capaces y autónomos sean estos agentes, más crecerán los riesgos.
Apple no señaló a nadie, pero el anuncio llegó poco después de que Jason Aten, columnista de la revista Inc., denunciara que Muse había estado leyendo las notificaciones de su Mac, mensajes incluidos, sin que él le hubiera dado ese permiso. Andy Stone, portavoz de Meta, respondió que esa función solo se activa si el usuario habilita expresamente el «acceso total al disco» de Apple y un conector de mensajes dentro de Muse. Aten sostiene que no hizo ninguna de las dos cosas.
Aunque tú no lo uses, te afecta
Quizá pienses que todo esto no va contigo porque no tienes intención de instalarte ningún agente. Pues sí que va. Si tu hermana, tu jefe o tu amigo de toda la vida lo usan, es muy posible que la IA esté leyendo también lo que tú les escribes.
Rivera lo deja claro: cuando un agente revisa tu bandeja de entrada o tus mensajes, también está leyendo lo que te han enviado tus amigos y tu familia, aunque ellos nunca hayan dado su consentimiento.
Antes de darle las llaves a una IA
Si te pica la curiosidad y quieres probar uno de estos asistentes, unas cuantas precauciones de sentido común te pueden ahorrar disgustos:
- Huye del «permitir siempre». Mejor que te pregunte cada vez, aunque resulte más pesado.
- Exige confirmación antes de cerrar compras, ventas o citas en tu nombre.
- No le des datos sensibles como tu dirección o tu tarjeta si la tarea no lo exige de verdad.
- Revisa de vez en cuando qué permisos tiene y quítale los que ya no necesite.
- En las ventas entre particulares, queda en un sitio público y no en la puerta de tu casa.
Robb ha desconectado Muse de casi todas sus aplicaciones, aunque no descarta volver a activarlo cuando la tecnología madure. Mientras tanto, ya está trasteando con el Grok Bot de X. Su historia deja una lección sencilla: estos ayudantes pueden quitarte mucho trabajo de encima, pero todavía no conviene perderlos de vista.
